Desempleado, tal vez. Parado, ¡nunca!

Los desempleados sufren muchas carencias, pero es indiscutible que lo único que no se puede decir es que carezcan de tiempo. Nada más y nada menos que tiempo: el recurso natural no renovable más valioso que existe.

Pero… ¿A que dedican su tiempo los desempleados?

Según los expertos en el tema, mayoritariamente los desempleados en España utilizan entre 10 y 20 horas a la semana en la “búsqueda de empleo”, lo que incluye no sólo el frustrante y repetitivo: “busca ofertas-escribe carta de presentación-envía CV”, sino también la formación para la mejora de la empleabilidad.

Estos estudios no muestran que hacen los desempleados con el resto del tiempo… según estos estudios, bien podría ser que se quedan inmóviles en una hornacina, con la vista perdida en el horizonte, cómo si de santos mártires de la sociedad de consumo se trataran.

Mis investigaciones personales, que carecen de todo valor científico o estadístico, me muestran una serie de actividades a las que suelen dedicarse esas horas perdidas (nunca mejor dicho en la mayoría de los casos):

  • Dormir: se incrementan las horas de sueño, se recupera la siesta (que si al menos la declararan Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, o Actividad de Interés Cultural y la subvencionaran…)
  • Pasear al perro: los que tiene perro, cosa que de todas maneras ya venían haciendo, así que si creen eso se están haciendo trampa al solitario.
  • Ver televisión: sin comentarios.
  • Recuperar aquel viejo proyecto que se tenía abandonado: y que de todas formas se volverá a dejar abandonado en la mayoría de las ocasiones.
  • Convertir el status de desempleado por el de consultor freelance sin clientes.
  • Darle la paliza a los amigos: que tienen empleo y, muy probablemente un jefe resoplando sobre su hombro, y no acaban de entender eso de que casi a diario les los llames por teléfono a las 11:00 de la mañana (al cabo de no demasiado tiempo esta actividad decae mucho, algunos se dan cuenta de que molestan, otros se quedan sin amigos a quienes llamar)
  • Emprender una idea de negocio.
  • Navegar a la deriva por Internet. Es decir, lo mismo que ver televisión.
  • Compras compulsivas: SIC
  • Leer un buen libro.
  • Ir al bar a tomar café.
  • Cuidar y mantener el hogar, hacer la colada, hacer la compra, hacer la siesta (otra vez)
  • Pasear por el barrio o el parque cercano.
  • Leer varios libros malos.
  • Leer los prospectos de los medicamentos.
  • Leer el poso del café que has tomado en el bar.

Dos personas durmiendo la siesta en los alrededores del Kiosko Alfonso, en A Coruña

En resumen, la mayoría de este tiempo es malbaratado de forma irrecuperable. Y no estamos hablando de ninguna tontería. Con casi 5.000.000 de desempleados, un pequeño porcentaje de tiempo perdido per capita representa un enorme capital humano desperdiciado.

Este derroche de capacidad, tiempo y energías es inaceptable. Mi propuesta a los millones sin empleo de hoy y de mañana es dedicar una pequeña parte de ese tiempo “ocioso” a una actividad de esas llamadas solidarias.

Todos para uno y uno para todos

Puesto en números: si nada más que uno de cada cinco desempleados dedicara tan solo cuatro horas a la semana a trabajar en una actividad solidaria, estaríamos hablando de un total de nada más y nada menos que cuatro millones de horas cada semana dedicadas a ayudar a los que más lo necesitan. O, lo que es lo mismo, la fuerza de trabajo equivalente a cien mil personas dedicadas a tiempo completo a hacer de este país un mejor lugar para los más necesitados. Ahí es nada.

Aquellos que decidan seguir esta sugerencia verán que hay muchas opciones… pero a menudo un buen porcentaje de ellas no estarán disponibles. A continuación unas cuantas ideas:

  • Voluntario en una ONG (hay para elegir: http://www.guiaongs.org/)
  • Formador: ponte en contacto con tu ayuntamiento, asociación de vecinos local, etc. si tu pones tu conocimiento es posible que alguna organización local tenga disponibilidad de locales y otros medios.
  • Colaborador experto en una fundación o en una empresa social: de nuevo se trata de poner en disposición de otros habilidades y conocimientos valiosos que tengamos en nuestro haber.
  • Acompañamiento de ancianos, enfermos, etc.: averiguar en hospitales, residencias de ancianos, centros de día locales o similares.
  • Iglesias y centros religiosos: no sólo las entidades cristianas tienen iniciativas de ayuda a necesitados. En general no obligan a ser “creyente” para poder ayudar a otros (ni para recibir ayuda).
  • Cubrir servicios públicos abandonados por las administraciones correspondientes (limpieza de la via pública por ejemplo)
La lista no es ni remotamente exhaustiva. Un poco de imaginación y levantar la vista alrededor y se pueden encontrar opciones. Sólo se ha de tener en cuenta una cuestión de vital importancia: no realizar competencia desleal con lo trabajadores legítimos al convertir la colaboración en empleo encubierto no remunerado.
¡Solidariturízate!

Imágenes:

Licencia de Creative Commons

Este trabajo está publicado bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 España. Ver el código legal.

Solidaritura: Por una cultura y una sociedad de la solidaridad.

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