Los campeones de la insolidaridad: I. La Banca

A la hora de empezar a escribir esta serie de entradas, con “Los campeones de la insolidaridad: a manera de introducción.“, no me  cabía la menor duda al respecto de que el primer capítulo, propiamente dicho, de la misma estaría dedicado al Sistema Financiero. De lo que no tenía la menor idea era de por donde empezar a destajar semejante mastodonte.

El Sistema Financiero no deja de ser la respuesta “natural” del homo comercialis ante cualquier cosa que pueda poseerse, necesitarse o desearse: compra-acumula-vende-saca beneficio. El dinero (del cual ya escribiremos en otro momento), que a primera vista pareciera sólo un mecanismo de habilitación del sistema comercial es, además, perfectamente susceptible a ser tratado cómo una mercancía mas… aunque con matices.

Para convertirse en mercancía, el dinero requiere introducir un artificio adicional: el crédito. Visto con detalle, la verdadera mercancía con la que comercian los bancos no es el dinero en si mismo sino el crédito. Dicho de otra forma La Banca compra y vende crédito a cambio de (como todo el mundo) dinero.

Pero, ¿que es el crédito?. Según el diccionario de la RAE:

crédito.

(Del lat. credĭtum).

1. m. Cantidad de dinero, o cosa equivalente, que alguien debe a una persona o entidad, y que el acreedor tiene derecho de exigir y cobrar.

2. m. Apoyo, abono, comprobación.

3. m. Reputación, fama, autoridad. U. m. en sent. favorable.

4. m. carta de crédito.

5. m. Situación económica o condiciones morales que facultan a una persona o entidad para obtener de otra fondos o mercancías.

6. m. Opinión que goza alguien de que cumplirá puntualmente los compromisos que contraiga.

7. m. asenso.

8. m. En la enseñanza universitaria, unidad de valoración de una asignatura o un curso, equivalente a un determinado número de horas lectivas.

9. m. pl. Relación de personas que han intervenido en la realización de una película o un programa de televisión, que aparece al principio o al final de su proyección.

10. m. pl. Pan. y P. Rico. Expediente académico.

La quinta acepción resulta muy ilustrativa: Situación económica o condiciones morales que facultan a una persona o entidad para obtener de otra fondos o mercancías. O dicho de otra manera La Banca le compra con unas “Condiciones morales” una “Situación económica”, en forma de dinero, a quien la tiene y se la vende a quien no la tiene a cambio de unas “Condiciones morales”. Estas condiciones morales que sirven de garantía en el proceso no es otra cosa que la certeza de que el que recibe el dinero (sea el banco o el prestatario) se compromete a y está en capacidad de devolver la “Situación económica” ligeramente aumentada (viendo incrementadas en este proceso sus “Condiciones morales”)

¿Qué pasa si una persona que, para llevar a cabo sus planes, requiere cierta “Situación económica” carece de las “Condiciones morales” solicitadas a cambio por el banco. Pues bien, en ese caso el banco acudirá excepcionalmente a convertir otras “Situaciones económicas” presentes o futuras del solicitante o de otra persona que responda por el en lo que denominaremos “necesarias garantías”

Saturno devorando a sus hijos - Francisco de Goya

Hasta ahí la cosa no luce especialmente mala, salvo el “pequeño” detalle de convertir a un tercero en nuestro proveedor de “Condiciones morales”. Lo que convierte en verdaderamente demoníaco el sistema es cuando las “Condiciones morales” pasan a un segundo plano y La Banca se centra de forma exclusiva en la “Situación económica”. Ya no es ni mínimamente importante que el prestatario sea o no capaz de asumir los compromisos de devolución pactados (de hecho, como veremos casi es mejor que no) siempre y cuando aporte las “necesarias garantías”. Y lo que era en un principio situación excepcional se convierte en costumbre generalizada.

Veamos un ejemplo para analizar el modus operandi bancario con lo que será claro de ver porque al banco ya le conviene este estado de cosas.

Gracias, por decirlo de algún modo, a la perversión del sistema (garantías en lugar de moral) un banco es capaz de prestarle a una familia el dinero que esta necesita -y más- para adquirir una vivienda ¡constituyendo para ello la propia vivienda en su garantía! (estamos tan anestesiados que esto casi no nos hace ni reaccionar). Pero lo peor está por decir: el antedicho banco sabe, de forma absoluta (y tiene toneladas de datos y cálculos para no cometer errores al respecto), que en la mayoría de los casos la “Situación económica” de la familia a la que concede el préstamo es de una fragilidad tal que en caso de que algo no le salga bien no estarán en capacidad de devolver lo prestado en los términos acordados. En este momento existen varias opciones, algunas de ellas pasan por la pérdida por parte de la familia de la vivienda en cuestión, asumiendo incluso una carga económica que lastrará de por vida a todo el grupo familiar. ¿Y el banco?…bien, gracias.

El banco está cubierto por los cuatros costados (además de por arriba y por debajo).

Ejecutar los embargos u otros procedimientos de “liquidación de garantías” son costosos, pero los paga el “cliente”; tardan tiempo, durante el cual se incrementa la deuda debido a los intereses y son muy desagradables, para los afectados por descontado pero también para los empleados del banco que interactúan con ellos. Pero estos empleado no son “El Banco” ni tan sólo sus directivos y mucho menos aún los accionistas. Todo resulta muy aséptico.

Pero ahí no termina la cosa. El mecanismo por el cual se garantiza la recuperación del dinero por parte del banco, realizado el embargo, es la subasta pública del inmueble (me perdonareis el sentimentalismo, pero en este momento no puedo evitar imaginarme a la familia el primer día que entraron en “su casa”). En estas subastas lo normal es que las viviendas sean “rematadas” por un precio substancialmente menor al general que en mercado tendrían y resulta habitual (según me comentan, cada vez más) que terminen en los activos de alguna corporación inmobiliaria del propio banco.

¿Y si el precio de venta no alcanza? No pasa nada… al banco por supuesto. Una vez deducidos del precio de adjudicación de la subasta los gastos de la misma, los del proceso legal previo, los del “requerido” papeleo y los inefables intereses -normales y punitivos- y comisiones, el remanente se destinar a la cancelación -casi siempre parcial- del capital adeudado. Lo que la familia queda a deber en este caso, pues bien, por supuesto que lo queda a deber. Ya lo pagará.

Y eso funciona de maravilla mientras el número de casos en los que es necesario ejecutar los embargos es relativamente contenido. En nuestro actual ciclo de “crisis” el número de impagos se dispara y el consiguiente número de procesos de embargo y desalojo también.

Aunque, cómo ya ha quedado claro, el banco no perderá nunca, lo cierto es que puede sufrir un episodio de “falta de liquidez”. Osea, que no puede pagar el a su vez su propias deudas.

No voy a entrar en detalle con los mecanismos por los cuales al final los bancos suelen ser “rescatados” evitando su cierre, casi siempre con el llamado “dinero de los contribuyentes”: el mio, el tuyo, incluso el de la familia de hace unos párrafos.

A veces, muy raras veces, el banco quiebra. Sus activos son repartidos entre otros bancos y las diferencias cubiertas (a ver quien adivina con el dinero de quienes) por el estado. Otras familias, estas las de muchos de los empleados del susodicho banco, pierden su sustento. Los accionistas (los grandes, los de verdad) pierden algo de su capital por el camino, pero mucho menos de los que han logrado amasar previamente. Los pequeños inversionistas salen escaldados. ¿Y los directivos?… Bien, gracias

Una institución cómo La Banca, que sólo en España es capaz de dejar en la calle a docenas de familias cada mes, que en caso de tener problemas estos son absorbidos  por la sociedad a la que pretende servir y a la que sólo de devuelve algunas migajas a través de sus cacareadas fundaciones, que enriquece a niveles groseros y grotescos a unos pocos y que encima hace gala de tener las recetas de la felicidad de todos, pareciera que bien podría merecer la Medalla de Oro de la Insolidaridad… ya veremos.

Por lo pronto, de tener que elegir una institución a la que boicotear yo seguramente optaría por la banca.

Imágenes:

.

Licencia de Creative CommonsEste trabajo está publicado bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 España. Ver el código legal.

Solidaritura: Por una cultura y una sociedad de la solidaridad.

Anuncios

Un pensamiento en “Los campeones de la insolidaridad: I. La Banca

  1. No está mal la diatriba. Has hecho una fotografía casi de HD (alta definición). Aunque se te escaparon algunos detalles que voy a comentar.

    En primer lugar está la responsabilidad real del que pide ese crédito. Es decir. Si pido al banco una cantidad de dinero estoy firmando un contrato en el cual están escritas las condiciones en que se raliza dicho crédito. No vale despues llorar y lamentarse por la pérdida de la vivienda o del bien. Igual que si pagamos toda la deuda el contrato se extingue, si no la pagamos el contrato debe cumplirse. Al pedir el crédito “SABEMOS” el riesgo y lo asumimos. Cuántas veces hemos dicho aquello de que ‘el futuro es incierto’, siendo incierto debemos asumir que cualquier cosa que pueda pasar seguramente pasará (no sé porqué recuerdo en este momento a Murphy). Del mismo modo el que atiende como fiador o avalador.

    Recuerdo bien aquellos tiempos en que una familia compartía espacio y tiempo. Hoy la familia se desmiembra y los abuelos se quedan solos y los hijos emprenden la aventura de la independencia con recursos limitados exponiéndose claramente al fracaso económico asumiendo deudas que, en muchos casos, saben de antemano que no podrán liquidar. No vale hacerse el ciego o el sordo.
    Me sorprende y mucho que nos lamentemos por algo tan tribial. Es cierto que el dolor de la pérdida subyuga a las familias afectadas, pero el sistema es así. Nos guste o no. Y si jugamos tenemos que aceptar las reglas. A ningún ajedrecista le gusta oir de su contrincante: ‘jaque mate’ ahí se acaba la partida.

    Creo que hay muchos más argumentos relacionados con el juego social. Pero termino aquí.

    Tal vez añadir un enlace a este video y esperar que recapacitar sobre lo que se muestra ayude a alguien a revisar las reglas y decidir con cordura si realmente jugar es conveniente o no.

    Saludos y hasta la próxima.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s