Voluntad, voluntariado, voluntario…

Quería escribir una entrada cortita y sencilla en la que explicar lo que para mi es un problema importante de la solidaridad organizada: la falta de preparación del voluntariado. Pero me ha salido otra cosa… la culpa la tiene el diccionario.

De alguna manera consideramos aceptable que una persona sin la menor preparación o, en el mejor de los casos, con unos conceptos más bien elementales de la materia tome bajo su responsabilidad cuestiones que dentro del ejercicio profesional jamas se le habrían confiado… al fin y al cabo lo hacen gratis.

Asociaciones, ONG’s, Fundaciones y demás organizaciones con fines altruistas echan mano demasiado a menudo de recursos humanos inadecuados, con conocimientos muy parciales y experiencia más que limitada para la realización de las funciones encomendadas. Todo ello sin ponerse a considerar seriamente llevar a cabo una formación adecuada (tanto en su contenido, como en su profundidad y duración) de estas personas .

¿Será que la voluntad del voluntario es demasiado voluble como para que la inversión en prepararle se justifique?

Tal vez.

Si ese es el problema, entonces la solución es más que difícil: Sin un compromiso profundo y duradero el éxito de cualquier iniciativa humana está condenada al fracaso.

Yo prefiero pensar de forma diferente.

Existe un consenso no expresado bajo el cual las labores derivadas del voluntariado ocupan un lugar de inferior categoría a las que se ejercen a cambio de dinero. Estas últimas son las consideradas “labores productivas”, las que “generan riqueza” y “hacen funcionar el mundo”.

Por ventura este consenso no es absoluto y existen, aquí y allá, quienes consideran que las labores altruistas son tanto (o más) importantes que las empresariales, así como también, los que teniendo posiciones de responsabilidad en ONGs o fundaciones de ayuda humanitaria deciden que hay que tomarse en serio la “profesionalización” del voluntario.

Tenemos que asegurar que no sólo las labores troncales (aquellas que representan su propia razón de ser) de nuestras organizaciones de voluntariado se encuentren desempeñadas por personas adecuadamente preparadas para ello. También las tareas auxiliares cómo logística, administración, recaudación o comunicación entre otras deben ser objeto de programas de selección y de capacitación para poder contar con las mejores cartas de éxito.

Con lo anterior debería haber terminado este post. Sin embargo, cómo es mi costumbre, antes de empezar a escribir me documenté lo mejor posible, para lo cual siempre (aparte de leer la bibliografía a mi disposición) acudí al diccionario (normalmente elijo el de la RAE). El resultado que obtuve de la lectura de ese material me resultó particularmente útil así que decidí incorporarlo a continuación.

Hay palabras que de por si solas ya dan suficiente juego cómo para dedicarse un buen rato a reflexionar. La palabra voluntad es una de esas. Si echamos mano del diccionario de la RAE vemos la enorme riqueza de significado y contenido que nos ofrece.

voluntad.

(Del lat. voluntas, -ātis).

1. f. Facultad de decidir y ordenar la propia conducta.

2. f. Acto con que la potencia volitiva admite o rehúye una cosa, queriéndola, o aborreciéndola y repugnándola.

3. f. Libre albedrío o libre determinación.

4. f. Elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue.

5. f. Intención, ánimo o resolución de hacer algo.

6. f. Amor, cariño, afición, benevolencia o afecto.

7. f. Gana o deseo de hacer algo.

8. f. Disposición, precepto o mandato de alguien.

9. f. Elección hecha por el propio dictamen o gusto, sin atención a otro respeto o reparo. Propia voluntad

10. f. Consentimiento, asentimiento, aquiescencia.

11. f. U. como fórmula para pedir un precio o un donativo cuyo importe queda a discreción del prestatario. LA voluntad

12. f. coloq. propina (‖ gratificación). LA voluntad

Con una primera y rápida lectura ya tenemos suficiente para llenar nuestro espíritu de olor a libertad: el ejercicio de la propia voluntad es, sin la menor duda, la ratificación de la verdadera libertad personal. Cuando nuestra voluntad se ve limitada por “atención a otro respeto o reparo” o responde directamente a algún “precepto o impulso externo que a ello obligue”, nuestra libertad se ve mermada y los actos que realicemos bajo estas circunstancias -independientemente de su valor de bondad- son cualquier cosa menos auténticamente nuestros. Mirándolos con lupa y espíritu crítico, podemos incluso llegar a afirmar que no pasan de ser sofisticados automatismos implantados en nosotros como programación social (o antisocial).

Una vuelta de rosca más allá y le preguntamos a la voluntad qué es lo que hacemos con nuestra libertad. Mis respuestas las encuentro en las acepciones de la 5 a la 7. Palabras cómo intención, gana, amor, animo, deseo o afición me dibujan un cuadro bastante claro al respecto… y pienso yo, a lo largo del día ¿cuántas cosas hago con intención, gana, amor, animo, deseo o afición? La respuesta es precisamente la medida de mi libertad, la medida en la cual mi voluntad y no la de otras entidades o fuerzas domina mis actos.

Siendo este un blog sobre la solidaridad como cultura, es menester que hilivane el concepto de voluntad con el de solidaridad y encuentro en la palabra voluntariado precisamente la bisagra que hace que los dos conceptos giren en torno al mismo eje. Solidaridad sin voluntad no es solidaridad, puede ser conveniencia social o incluso económica (ya hablaremos, ya, en algún momento de la RSC), pero no es auténtica solidaridad. Vuelvo al dicionario de la academia y ¡menudo susto!

voluntariado.

1. m. Alistamiento voluntario para el servicio militar.

2. m. Conjunto de los soldados voluntarios.

3. m. Conjunto de las personas que se ofrecen voluntarias para realizar algo.

El tufillo militar del concepto me pone los pelos de punta. Mi experiencia me dice que cuando una palabra presenta este tipo de sesgo ello es debido a razones históricas. En este caso todo apunta a que, en su origen, la palabra voluntariado se utilizaba de forma prácticamente exclusiva dentro del mundo bélico. No soy lingüista ni aspiro a serlo, así que dejaré esa hipotesis abierta.

Definitivamente, me quedo con la tercera de las opciones, con lo cual se hace necesario escarbar un poco en lo que se consideraría que serían las “personas que se ofrecen voluntarias”

voluntario, ria.

(Del lat. voluntarĭus).

 1. adj. Dicho de un acto: Que nace de la voluntad, y no por fuerza o necesidad extrañas a aquella.

2. adj. Que se hace por espontánea voluntad y no por obligación o deber.

3. adj. Que obra por capricho.

4. m. y f. Persona que, entre varias obligadas por turno o designación a ejecutar algún trabajo o servicio, se presta a hacerlo por propia voluntad, sin esperar a que le toque su vez.

¡Fascinante!

Me deja sin palabras. No me queda otra que considerar inadecuada la palabra “Voluntario, ria” para referirnos a las personas que nuestras organizaciones altruistas requieren. Tendré que volver algún día sobre ello.

Imágenes:

Todos para uno y uno para todos: tomado de wikicommons, ver en  http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Manos.jpg?uselang=es

Licencia de Creative CommonsEste trabajo está publicado bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 España. Ver el código legal.

Solidaritura: Por una cultura y una sociedad de la solidaridad.

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