Poderoso caballero es don dinero

A caballo entre los siglos XVI y XVII el genial y visionario Francisco de Quevedo escribía su conocido poema: Poderoso caballero es don dinero. En esta pieza el autor presenta como ya en su tiempo el poder económico se enseñoreaba sobre virtudes como la nobleza, el amor o la justicia convirtiéndose en vehiculo de corrupción y falsedad.

En los cuatrocientos y algo años transcurridos la monetarización de la economía no ha hecho otra cosa que fortalecerse. El dinero es el Santo Grial de  mercaderes, gobernantes y gentes de a pie: está presente en todas las fases del ciclo de vida de la totalidad de los productos: es materia prima de la materia prima, insumo insustituible del proceso de fabricación, motor y lubricante del proceso de distribución, carnet de acceso a su consumo y elemento reciclable en el proceso de desecho.

Su omnipresencia es tal que hoy por hoy es imposible establecer cualquier aspecto de la realidad sin relativizarlo al dinero; no hay problema humano que en última instancia no se termine llevando a la esfera económica. Y eso, si nos detenemos a pensarlo, ya es de un sinsentido colosal. Sin embargo, esta no es sino la parte visible del gran iceberg de un sistema económico predestinado a arremeter contra nuestra sociedad y llevarla a pique.

Esta última aseveración de mi parte requiere cierto desarrollo.

Históricamente, el dinero es un invento relativamente reciente. Hasta el siglo VII la humanidad logro desarrollarse sin la existencia del dinero. El trueque a nivel local y los tributos en especie y otros mecanismos de intercambio directo de bienes y servicios a nivel más amplio unido a unos sistemas de vida ampliamente sustentados en la idea de la autosostenibilidad permitieron el surgimiento y desarrollo de grandes culturas cómo el Antiguo Egipto o Mesopotamia. En esta época los pueblos de medio oriente inventaron la acuñación de moneda en principio para realizar de forma práctica el pago de las soldadas a sus ejércitos.

Sin lugar a dudas la introducción del dinero, como una mercancía genérica sin utilidad directa (normalmente oro, plata u otras aleaciones de metales raros), pero de valor generalmente aceptado, facilitó tremendamente el intercambio de bienes y servicios. Sobre todo cuando este intercambio se realizaba entre distintas comunidades. Aunque este artificio fue el responsable del nacimiento de los cambistas (precursores de nuestros banqueros modernos), personas sin función productiva en la sociedad, se puede decir que los beneficios superaron a los perjuicios.

El dinero no cambia demasiado su comportamiento ni incrementa el impacto social de forma cualitativa hasta el final de la Edad Media. Con el crecimiento de la burguesía y, sobre todo, el cambio paradigmático que represento el ideario del Renacimiento, el dinero comienza su camino para convertirse en un fin en si mismo.

Dos grandes hitos introducen un nuevo cambio: la revolución industrial primero, con sus enormes necesidades de financiación, y la economía de crecimiento acelerado como medio para crear una paz duradera -y detener el avance del comunismo- que surge de la Segunda Guerra Mundial (cuando se compara la actitud de “cobrar reparaciones de guerra” que se da a final de la Primera Guerra Mundial con el Plan Marshall de reconstrucción de Europa que se da después de la segunda, uno no  puede menos que asombrarse).

A partir de ese momento el dinero tiene la tendencia, más aún la necesidad, de agruparse. Esa tendencia por si misma, unida a la enorme complejidad y peligro (económico) que representa la gestión de tal volumen de recursos impulsa el desarrollo de un Sistema Financiero cada vez más diversificado y sofisticado cuyo objetivo fundamental es el de garantizar la disponibilidad de los recursos -dinero- necesarios para la financiación de los diferentes proyectos que se creaban por doquier.

Bancos y Bolsas por todo el mundo desarrollan de forma acelerada “productos” y mecanismos que permitan inicialmente obtener y posteriormente crear (el abandono del patrón oro en la década de 1970, permite romper los límites impuestos sobre el total de efectivo circulante) dinero, y dirigirlo hacia los grandes proyectos de inversión.

La complejidad del Sistema Financiero Internacional es tal que el conjunto de sus procedimientos y de sus normas de funcionamiento -que vistos de forma aislada son de lo más “razonables”- han terminado por convertirse en una entidad con vida propia, sus propios designios y enorme poder. La Regla de Oro de este sistema consiste en favorecer la polarización económica -en el decir popular: dinero llama a dinero- y hacer crecer de forma acelerada la masa monetaria total.

No es necesaria ninguna confabulación, no se requiere ningún tipo de conspiración para que el sistema mantenga su lógica inexorable y su capacidad de acción el Club Bilderberg o el Foro Económico Mundial de Davos son mucho menos influyentes en el devenir del sistema de lo que la mayoría (posiblemente ellos mismos incluidos) suponen.

Poderoso caballero, si, es don dinero. En unas pocas décadas paso de ser nuestro sirviente a nuestro señor, y eso debe cambiar.

No quiero finalizar esta entrada sin hacer una aclaración que considero relevante. En lo personal no tengo nada en contra de convertirme en servidor de un sistema… siempre que este sistema sea -al menos- neutral en sus efectos. Sin embargo no es ese el caso. La creencia axiomática subyacente del sistema económico actual es la de que el crecimiento económico puede ser ilimitado, y eso es un sinsentido absoluto. Aún en el caso de que el  crecimiento económico se sustentara exclusivamente en recursos renovables -que no es el caso- la capacidad de regeneración de dichos recursos y, en última instancia, la naturaleza finita del mundo que habitamos pone límites absolutos a la capacidad de crecimiento. A la vista de la actual crisis económica que atravesamos hoy en día, en la cual no se ha alcanzado ese nivel de saturación, no es difícil imaginar el sufrimiento y las tensiones que se generarían en una situación de perspectiva indefinida de crecimiento nulo o negativo.

Licencia de Creative CommonsEste trabajo está publicado bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 España. Ver el código legal.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s